Alejandro Pastrana Valls
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Democracia Desencantada
Por Alejandro Pastrana Valls
Las semanas anteriores al debate entre los candidatos a la presidencia de México se caracterizaron por discutir y poner en “tela de juicio” la capacidad política de los actores en el “poder” para hacer que éste tuviera presencia e impacto nacional a partir de su transmisión en los canales estelares de las televisoras (Televisa y TV Azteca). El debate del debate constituye un primer paso en el análisis del ciudadano y de su desencanto en los temas políticos, el fútbol o cualquier otra forma de entretenimiento, siempre será mucho más atractivo para la mayoría de los ciudadanos.
En la actualidad, la efectividad de la democracia en México ha estado en el “ojo del huracán” del debate académico, a la par, la perspectiva del rol que desempeña la ciudadanía en el proceso de construcción de políticas públicas y el desarrollo político nacional se han transformado constantemente (Putnam, 1993). El desencanto democrático está originado por una reconceptualización del papel que desempeña el ciudadano en el sistema político.
Los cambios en la sociedad han debilitado la efectividad del régimen democrático y la interlocución del ciudadano en la relación gobierno-gobernados. El desencanto de lo político y del régimen ha orillado que el ciudadano sienta poco apego a las instituciones políticas (Knight y Stokes, 1996), incluidos los partidos políticos (Whiteley y Seyd, 2002) y consigo la caída de la participación política en las elecciones tanto locales como federales (Dalton, 2005) a pesar de que ésta es fundamental para la operacionalización del régimen (Norris, 2002).
Ante este desencanto, académicos han intentado explicar cuáles son los valores, las actitudes y las formas de participación política que incentivan a la sociedad civil (Almond y Verba, 1963) o si este desgaste democrático se trata de una transformación social originada por la inmigración, el multiculturalismo y la globalización (Pettie, Seyd y Whiteley, 2004).
La mayor preocupación del declive en los niveles de cooperación política se enfrasca en la imposibilidad de que el ciudadano – el votante – participe más allá del ir a las urnas a votar (Dalton, 2002). En otras palabras, quienes participan en la vida política del país ven en el sufragio como el camino más sencillo para cumplir con sus obligaciones cívicas dejando a un lado cualquier tipo de participación (por ejemplo, mítines, firma de peticiones o a través de la sociedad civil implementando observatorios ciudadanos). Por lo tanto, la participación política se convierte en un hecho individualizado (votar) y no forma parte de acciones comunes al resto de los individuos que se involucren para mejorar los resultados de las tareas de gobierno. En esta lógica, la democracia está en función de acciones individualizadas haciendo mucho más compleja su gestión en la colectividad.
¿Quiénes participan?. La participación política se da en menor medida en la población joven y adulta, estos dos grupos demuestran su desapego político al no intervenir en las competiciones electorales. Por su parte, la participación individualista se da mayoritariamente en el espectro de la población con mayor nivel educativo. Es trascendental considerar que un factor real que motiva dicha participación o no en los asuntos políticos es el conocimiento y el interés de estos temas (Verba, Scholzman y Brady, 1995; Zaller, 2002). En la mayoría de los estudios, este elemento detonador de participación política se centra en la población masculina de edad media, con educación y nivel adquisitivo alto (Pettie, Seyd y Whiteley, 2004).
Ante este escenario los gobiernos nacionales deben trazar nuevos caminos para el establecimiento de otros modelos de participación, impulsar la empatía cívica, reducir los niveles de criminalidad e impulsar los voluntariados (Blunkett, 2003).
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Last Update: Dec. 9, 2024, 11:21 p.m.